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Los paisajes interiores de Ruth Benzaquen
La artista desarrolla una serie de obras en las que hace dialogar paralelamente la figura femenina de manera protagónica con los paisajes más dinámicos. La tensión de
figura-fondo encuentra su propia síntesis en un corpus mayoritario de obras donde los elementos representados se diluyen en una naturaleza silenciosa, acuciante, cuyo paisaje abraza sutilmente esas formas globulares, orgánicas, biomorfas, como vulvas y larvas que encuentran su respiro estético en el brillo final de las libélulas.
De este modo, encontramos cierta insistencia en pensar la tela como puros paisajes, imágenes que asientan su mirada en la historia del arte a través de la naturaleza exuberante, inconmensurable y sublime desplegada en las obras románticas de Turner. Sin embargo, en Benzaquén, los paisajes obedecen a otros ritmos, a una temporalidad diferente, de una atmósfera simbólica -quieta e inquietante al mismo tiempo-, de tonos rojos que alcanzan mayor profundidad e infinitud, en tensión con los verdes y amarillos que disipan centrífugamente el espacio representado. Bucear en la psicología del paisaje y en la subjetividad de las formas voluptuosas nos recuerda ciertas coordenadas visuales de las pinturas simbolistas, como el enrarecido tratamiento de la naturaleza que propone Odilón Redón en Cíclope de 1904.
En esta línea de trabajo, Ruth Benzaquén desarrolla una serie de obras en las nos propone un recorrido que apela a una doble clave de sentidos, fraguando un diálogo simbiótico entre una dulcificada naturaleza y la presencia profunda de un cuerpo bio-emocional que se dirime en su constante transformación interior.
Si los detalles de organicidad en la obra de Benzaquén remiten al fluir interno de un cuerpo en plena transformación, la ausencia de tal representación figurativa potencia la pulsión de vida y energía que condensa en su reflexión expresiva la bio-emocionalidad latente en un paisaje ya desantropomorfizado.
Lic. Juan Pablo Pérez Rocca
Buenos Aires, diciembre 2008
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